La aventura de la existencia

Volvemos a la filosofía de lo lunes. Además éste lunes es  casi inicio de curso, inicio de mes, inicio de caminos y aventuras. El planteamiento de Imaginariosposibles de hoy nos recuerda la importancia de crear un proyecto que nos lleve a un mundo, y sobre todo a una aventura, una aventura que nos llene o nos vacíe, pero que nos haga caminar.

La Cabrera cierra un verano tranquilo y caluroso, pero inicia un otoño animado.

Me quedo con una frase que es más que una frase, un concepto que puede ser una manera de vivir que nos dice F : “La vida nos espera”

La Cabrera y su camino

Tenemos la capacidad de imaginar mundos. Pero estos mundos imaginados serán etéreos mientras solo estén contenidos en la mente de uno y no se materializarán hasta que se compartan. Pero para ello cada uno tiene que aportar su propia perspectiva, de modo que esta nueva realidad imaginada alcanzará la existencia cuando deje de ser la locura de uno para convertirse en el proyecto de la comunidad.

Para comenzar a crear un proyecto común, tendremos que paramos un momento, dejar de correr y preguntarnos qué estamos haciendo aquí y ahora. Las primeras palabras que surgirán serán balbuceos, sonidos del que acaba de nacer y se enfrenta por primera vez con un mundo que se le presenta confuso. Cotidianamente vivimos en un mundo hecho que nos ha sido dado, pero si tomamos la tarea de decirlo desde nosotros no sabríamos ni por dónde empezar. Pero si queremos comenzar a vivir en un mundo que nos contenga, tendremos que comenzar a pensar el mundo desde nosotros mismos, dejando las certezas y creencias y dar un salto al vacío de palabras, para desde ahí decir la realidad en la que uno aparece.

El mundo en el que nos hallamos no está en silencio, nos encontramos ya en un mundo de palabras con las que convivimos diariamente y del que desconocemos el origen. La comunidad en la que nos encontramos nos define, y los hechos en los que nos imaginamos serán catalogados como posibles, si estos hechos son verosímiles para el relato común, o como locura, si son difícilmente imaginados por hallarse en el límite. Si el sujeto se empeña en seguir en su discurso ficticio no reconocido por la comunidad, este se convertirá en loco, pues habrá dejado de aportar al discurso común y habrá comenzado a merodear un camino solitario. Pero este es un riesgo inevitable si uno quiere hacerse cargo de su propia circunstancia al pensarla desde sí mismo. El individuo, al imaginarse en un relato, para no devenir loco, tendrá que contar con los otros. Se imagina el sujeto, y lo hace en un grupo que también imagina; se sueña en una comunidad que reconoce sus hazañas.

A través del lenguaje el sujeto busca su espacio, imaginando una identidad en la medida de su anhelo. Ansía llegar a ser él mismo en una imagen que concuerde con su ser más auténtico. Esta imagen necesita de un lenguaje siempre abierto a nuevas formas para llegar a concebirse, porque la vida a la que está llamado cada uno está aún por vivir, haciéndose en cada paso que se da. Si algo caracteriza al sujeto es su apertura, el no estar definido, el tener que hacerse. Pero no toda imaginación de uno mismo concordaría con ese ser sí mismo. Habría identidades que no serían sino máscaras, títeres de lo que les rodea, identidades encasilladas. Por eso sería fundamental que ese lenguaje intentase romper todo discurso hecho.

Esta búsqueda del sí mismo, esta libre afirmación de cada uno es un placer activo y arrebatador, que necesita de una gran confianza vital y, sobre todo, de amor al riesgo. Odisea del yo que hay que vivirla con aire jovial, ya que en esta exposición al riesgo el individuo se inventa y se recrea. Nos sumergimos en la realidad en la que aparecemos para iniciar una aventura que nos podrá llevar a los lugares más extraños. Para ello tendremos que sacar el Quijote que cada uno tiene dentro para realizar una vida heroica orientada al riesgo, un viaje abismático a las entrañas de nosotros mismos, un camino arriesgado sin ningún apoyo seguro. En este camino que recién se empieza a andar, el pensamiento surge como balbuceo porque esta nueva realidad nos resulta extraña a pesar de haber vivido en ella por tantos años. Ahora se comenzará a vivir de otra manera al ir más allá de nuestras representaciones habituales, resonando en nosotros las ingenuas preguntas sobre nuestra existencia como enigmas abismáticos, pero también sugerentes. Una vez iniciado este camino, la locura estará siempre presente al alejarnos de la seguridad de lo ya dicho y decir por primera vez las cosas desde nosotros mismos. Cerramos los ojos y ante el vacío nos sentimos caer en la ausencia de límites, y el vértigo que sentimos en un primer momento se convierte en apertura ante el misterio de nuestra existencia que comienza a aparecer. Percibimos un rastro de algo que nos lleva al punto donde está contenido todo. No sabemos muy bien dónde vamos, pero hay que dejarse llevar por estos derroteros que nos transportan al origen. El lenguaje se tambalea, los códigos se empiezan a desvanecer y necesitamos apurar el lenguaje al máximo, al límite de su destrucción. De ahí que pensar sea arriesgado y que la caída esté siempre presente, ya que este límite no se encierra en una fórmula general y vacía, pues no se puede atrapar esa realidad vital siempre cambiante e irónica. Aquí, en la cuerda floja, en el límite, estamos haciendo mundo a la vez que nos estamos haciendo a nosotros mientras surcamos nuevos mares.  Pero en el abismo hay que introducirse con alegría, pues incluso la muerte no es obstáculo, sino que sugiere.

Lancémonos a la aventura de nuestra existencia. No es necesario irse muy lejos, se puede empezar de ahora mismo, y lo podemos experimentar desde nosotros mismos. Sería pensarse sin trabas, sin límites, sin miedos de todo que puede aparecer. ¿Por qué tenemos que recorrer caminos transitados hasta la saciedad, si nuestro propio camino nos está esperando? Un camino que no existirá si nosotros no empezamos a surcarlo. La vida nos espera. No la hagamos esperar y comencemos a vivir desde ya mismo. Cada uno haciéndose cargo de su propia circunstancia y entre todos creando una circunstancia común que cree una sociedad que nos contenga a todos. Una sociedad que no existirá si nosotros no comenzamos a habitarla.

Decía Platón que vivimos en una caverna alimentándonos de sombras, cuando hay todo un mundo por descubrir. Y es necesario un punto de locura, es necesario un Quijote, que se quite las cadenas y enfrentándose a gigantes, salga de la cueva. Los ojos nublarán la vista a quien ha vivido por tanto tiempo en las tinieblas. Pero Don Quijote vuelve a la cueva diciendo todo lo que hay. Es loco, dirán, porque las sombras repetidas hasta la saciedad son certezas indudables que se defienden a muerte. Solo la risa salva a Don Quijote, ¿Por qué nos hacen reír sus locuras? Porque la risa es señal de defensa ante algo que empieza a trastocar sus cimientos. Lo siguiente es dejar de hacer fuerza para no ver y girar la cabeza mirando el destello que se pierde en el horizonte del rastro que ha dejado el loco.

Anuncios

One thought on “La aventura de la existencia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s