Peso existencial

Esta semana vamos con retraso en nuestras reflexiones filosóficos. Pedimos disculpas porque sé que muchos estáis todos los lunes esperando los textos que nos ofrece imaginariosposibles.

En ésta ocasión, nuestro vecino filósofo de La Cabrera, nos habla del peso que nosotros mismos nos ponemos, ¿sabemos lo que significa vivir? Descubrimos en el texto la palabra mágica para en lugar de “colocarnos” peso , nos lo quitemos; confianza. Tenemos que aprender a no contagiarnos de insatisfacciones, y nos propone un destino, ¿le acompañamos?

 

El peso sobre los hombros

El peso que tiene que cargar cada uno a diario sobrepasa nuestro límite. Nos mantenemos en pie no sabemos muy bien cómo, pero aguantamos. Ante la mínima tontería que nos sucede exclamamos: ¡Lo que nos faltaba! ¿Qué nos dice esta expresión? Que estamos al límite, que eso que nos faltaba es suficiente para tirarnos al suelo. Vivimos en un equilibrio angustiante con una gran losa sobre nuestras espaldas que a duras penas podemos soportar.

¿Y es este el mundo en el que queremos vivir? Hemos llegado hasta aquí a toda velocidad gracias al uso de la razón. Pero si la razón abarcaba en sus orígenes la palabra en todas sus perspectivas: la palabra dialógica, la palabra comprensiva; hoy en día, en nuestro afán por dividir todo, la razón se basa únicamente en la razón instrumental. Esta razón mira los medios para llegar a determinados fines, pero los fines quedan fuera de la razón. No sabemos dónde nos dirigimos y aun así vamos a una velocidad de vértigo hacia una sociedad del cansancio en la que difícilmente nos mantenemos en pie. Por eso va siendo hora de parar un poco y mirar entre todos cuál es el objetivo de todo esto.

¿Qué queremos para nuestra vida? Vivirla, pero ¿vivirla de cualquier manera o vivirla bien? Para ello necesitamos recuperar para la razón su parte comprensiva, teniendo un poco más de comprensión con nosotros y con los demás. No es fácil salirnos de donde estamos como si nada. Hemos hecho un mundo muy pesado y no dejará de serlo de la noche a la mañana. Tendremos que hacer frente a este molesto mundo, y lo tenemos que hacer juntos. Porque lo que es muy pesado para uno solo, entre muchos ya no lo es tanto.

Pero en muchas ocasiones más que ayudarnos, lo que recibimos del otro es más peso, más problemas a nuestra existencia. Más que comprender, lo que hacemos es culpabilizar. El otro no representa una ayuda, sino que nos carga más y al final le decimos: ¡Mira! Mi vida ya de por sí es pesada como para tener que aguantar tu peso. Estamos en un sálvese quien pueda, y a la mínima encasquetamos nuestra carga a quien sea. Pero estos pesos que nadie quiere van dando vueltas, y al final, siempre le acaban cayendo a alguno. Y esto nos lleva a una sociedad del cansancio, y de la soledad, de seres solitarios y cansados que vagan como pueden por la existencia. Estamos solos, muy solos, y no queremos estar con nadie porque eso nos implicaría añadir muchos más problemas a nuestra moribunda existencia.

Ante esto solo cabe una solución conjunta, y pasa por compartir. Tenemos que colaborar, porque por uno solo que se escaquee, los demás tendrán que soportar más gravedad en su existencia. Si cada uno va a lo suyo, la vida que nos toca se hace insoportable. Esta sociedad que hemos hecho no está a nuestra medida, sino que nos supera con creces. La velocidad y el peso que llevamos es excesivo, lo que nos aleja de nuestra felicidad y nos vuelve cada día un poco más insatisfechos. Una insatisfacción que hemos ido generando tan poco a poco que la hemos dado como algo que es así. Ha sido tan paulatino el proceso que nos la han colado.

¿Pero es necesario que sigamos viviendo así? Lo que para uno es angustioso e insoportable, entre todos se podría convertir en algo más alegre. Si uno solo casi no puede con su losa de 100 kilos, entre cuatro se reparte el peso; deja de ser tan pesada para uno, y entre todos igual hasta nos reímos. Colaborar en vez de sentarse encima, porque si en vez de colaborar, nos colocamos sobre la losa de 100 kilos, el pobre sustentador puede triplicar su peso, y así estamos hasta que ya no puede más y acaba cayendo de todo lo que tiene encima.

Nos toca resolver este problema tan fastidioso y tendremos que ayudarnos mientras no hagamos desaparecer este peso. Nuestro objetivo a largo plazo será adecuar el mundo a una perspectiva más humana, a nuestro tamaño y velocidad; empezar a quitar todo lo innecesario, que hemos puesto como necesario entre todos. Los problemas se mantienen porque nosotros los creemos imprescindibles para nuestra vida, pero ¿qué de necesario es algo que nos lleva a la insatisfacción? Y mientras los hacemos desaparecer, colaboremos en hacernos la vida un poco más placentera. De nuestro hartazgo acabamos siempre por mirar lo negativo de los otros, cuando alguien se ve más ligero y parece que va a lanzar su vuelo, le acabamos cortando las alas. En una sociedad de infelices no cabe nadie feliz. Hemos aprendido a contagiarnos de infelicidad y a ser incapaces de disfrutar nada. Aprendamos de Sísifo, que está cargando esta roca eternamente, y a pesar de ello, dice Camus al final de su libro: “hay que imaginarse a Sísifo feliz”. Pero, ¿Cómo va a estar feliz cargando esa piedra que cuando la deja en la cima se vuelve a caer y tiene que subirla de nuevo? ¿Y por qué no? ¿Por qué defendemos a muerte nuestra insatisfacción y no nos dejamos ni un respiro para ser felices? No es fácil ser un verdugo de la felicidad y este trabajo lo realizamos a la perfección. En cuanto vemos a alguien sonriente y feliz, le cortamos la cabeza. En un mundo de insatisfechos la felicidad debe ser cortada de raíz.

Podemos empezar por no vigilar tanto la alegría y dejar que esta campe a sus anchas. La razón instrumental que hemos tomado por bandera ha ordenado todo, ha eliminado el caos y nos ha puesto en un lugar asfixiante en el que apenas podemos respirar. Y nos da miedo salirnos de ese orden. ¿Por qué defendemos este orden si solo nos genera insatisfacción? Comencemos a desordenar, a descolocar y a dejarnos vivir en el caos. Ahí seremos más libres, sin tanta constricción, porque al no haber lugares definidos, no hace falta estar en ningún lugar; ahí podremos ser a nuestras anchas e imaginar un mundo en el que podamos ser un poco más felices.

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One thought on “Peso existencial

  1. Esta muy negativo hoy imaginariosposibles.
    Debe de ser esta calorina. ¿pero no habíamos quedado en que hay que pararse a pensar, a que hay que aprender a decir que no, a saber identificar y por lo tanto, renunciar a lo superfluo…y aprender tantas cosas más que nos hagan la vida más llevadera?
    Imaginariosposibles, tenemos que aprender, también, a reírnos de nosotros mismos, a dar importancia a lo que realmente la tiene y sobre todo tenemos que vivir el momento, sin culpas, sin planes, sin historia.
    Tenemos que reírnos, de todo y de todos.
    tenemos que esculpir en nuestros labios, todas las mañanas, una sonrisa, al principio, quizás sea un poco falsa, pero a medida que pase el tiempo la interiorizaremos y acabará siendo natural en nosotros.
    No nos compliquemos la vida, no nos tomemos tan en serio. Somos minúsculos y leves, en el tiempo y en el espacio.
    Disfrutar, amar, compartir…….Eso tiene que ser la vida.

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