Preferiría no hacerlo

Una semana más, imaginariosposibles, nos ofrece una visión sobre nuestra acción. Una reflexión al inicio de la semana en el que propone un deseo. Las obligaciones nos inundan de responsabilidades. La apatía es un lastre del que debemos desprendernos. Lo permanente cansa, a veces agota, pero está ahí. Un ejercicio de lunes en el que nos propone el autor pararnos a mirar para disfrutar, sentir y respirar para avanzar. A veces nos cuesta creer en nosotros mismos, pero es la única manera de caminar. La Cabrera lnforma, gracias a imaginariosposibles abre esta ventana al pensamiento que tan necesaria es.

GatoDormilon

Preferiría no hacerlo

Cuántas veces hacemos cosas que preferiríamos no hacer, pero que acabamos haciendo! Nuestra vida está repleta de obligaciones. Estamos en la cama, suena el despertador, y por nuestra cabeza, incluso antes de levantarnos, comienzan a desfilar todas las tareas que nos deparará el día que está a punto de comenzar en cuanto pongamos el pie en el suelo. Nos invade un sentimiento de pesadez, pero no tenemos más remedio que ir a ello. Nos levantamos y afrontamos nuestro día ya cansados. Salimos de casa con la idea de volver a ella, empezamos la semana con la perspectiva de llegar sanos y salvos a nuestro fin de semana. Pero a veces ni el ocio nos salva, ya que éste también se acaba convirtiendo en una obligación.

Se nos pasa nuestra vida teniendo que hacer cosas, obligaciones externas que nunca hemos llegado a aceptar, pero que acabamos haciendo y que forman parte de nuestro correr cotidiano. Siempre teniendo que hacer algo, se hace necesario un respiro, como individuos y como sociedad, porque el tener que hacer nos planta siempre donde no estamos, nos divide entre lo que somos actualmente y hacia donde nos dirigimos, no disfrutando nunca el lugar que habitamos. A nuestro momento presente no le damos ningún valor, y sí, en cambio, a nuestras proyecciones. Vivimos en una continua proyección creando un mundo de sombras que nos sitúa en un tedio permanente.

¿Y cómo podemos salir de este cansancio permanente? No haciendo lo que preferiríamos no hacer ¿Y es esto posible y conveniente? Tendríamos primero que analizar si eso que no queremos hacer es una preferencia o una necesidad, si depende de nosotros el no hacerlo o las posibles consecuencias de esa negativa.

En ocasiones hacemos las cosas por seguir con la inercia de lo que nos ha llevado a ser lo que creemos ser, para que no cambie nada, para dejar todo como está. Nos ha costado mucho llegar a esto, a adaptarnos a algo que en el fondo no nos gusta; y dejar de hacerlo pondría en ridículo toda nuestra identidad formada hasta el momento. ¡Y cuanto nos cuesta sentirnos ridículos! Todo menos reírnos de nosotros, de nuestra patética identidad, ya que nos creemos muy serios. Pero ni la identidad lograda ni el mundo que viene asociado a él nos satisface, y aun así seguimos perpetuando esta insatisfacción. Por costumbre acabamos dejando todo como está y seguimos representando nuestros cansados papeles en este tedioso mundo que mantenemos con nuestras acciones y que en lo más hondo de nuestro ser preferiríamos no continuar haciendo, pero que siempre acabamos haciendo.

Nos balanceamos entre la comodidad del mundo que damos por hecho y el cosquilleo que nos produce la nada que deja entrever nuestra imaginación. El hecho de que las cosas puedan ser de otra manera y que las podamos imaginar abre grietas en esta sociedad del cansancio. Porque en este mundo en el que estamos no queremos vivir, y muestra de ello es que vivimos para que llegue el fin de semana, vivimos para que llegue la edad de la jubilación. Lo que queremos es morir, y la vida no es más que un sufrido tránsito para eso que deseamos, que es no vivir aquí y ahora, sino estar en otro lugar.

¿Por qué seguimos manteniendo este mundo que nos tiene tan cansados y aniquilados, anquilosados en un tedio eterno del que parece imposible salir? No sabemos hacer otra cosa y nos da miedo salirnos de los carriles pautados. Nunca aprendimos a merodear ni a dar vueltas sin más, siempre nos han dicho que tenemos que ir a algún lado. Y ahí tenemos la muerte esperando como el gran objetivo para este descanso eterno después del sufrimiento permanente en el que se ha basado nuestra vida. Dirigidos a lo hecho cuando nuestra condición, donde aflora nuestra sonrisa más profunda, es en el juego, es en el vivir para nada, en el vivir por vivir. Estamos alegres en el sin hacer, cuando no hacemos lo que preferiríamos no hacer, cuando dejamos de hacer, cuando hacemos nada y simplemente somos.

Nos hemos acostumbrado a ilusorias y fugaces satisfacciones en la consecución de tareas, pero una vez acabado el trabajo y obtenida esa satisfacción momentánea, ya hay una nueva tarea proyectada en el horizonte que nos marca un camino que no podemos merodear sino que tenemos que seguir linealmente. ¿Y por qué no podemos disfrutar de los procesos que es donde habitamos la mayor parte de nuestra vida? Pero lo que se da de hecho es que vivimos por los resultados, por lo ya realizado y cerrado, en vez de vivir en lo que se está haciendo en cada momento. Vivimos con la mente puesta siempre en el final del camino cuando nosotros siempre estamos en el medio. Proyectamos el final cuando estamos viviendo en el medio, estamos divididos entre donde nos imaginamos y donde nos encontramos. Lo que nos produce un gran malestar porque estamos siempre donde no queremos estar, en vez de estar donde estamos sin más.

Así que como ejercicio para hoy, paren su vida un momento, no tengan tanta prisa y comiencen a mirar lo que tienen alrededor, sin ningún objetivo ni resultado a la vista, simplemente disfruten de lo que tienen delante, y si es posible, no hagan lo que preferirían no hacer.

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8 thoughts on “Preferiría no hacerlo

  1. Muy bueno, extraordinario el artículo. Refleja perfectamente en lo que nos hemos convertido -por desgracia- la mayoría de las personas. Invita a una reflexión profunda y a replantearnos la vida de otra manera porque el destino será para todos el mismo. Lo importante es disfrutar del camino todo lo que podamos y lo que nos sea posible.

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  2. Excelente como siempre Imaginarios Posibles.

    Ya en el Bhagavad Gita se habla de como enfrentarse al deber, de eso que apetece poco en demasiadas ocasiones, máxime cuando esas acciones son del calado que tiene que afrontar Arjuna en la batalla de Kurusetra, frente a un enemigo nutrido de familiares, antiguos amigos y maestros.

    Si fuésemos capaces de leer, comprender e interpretar correctamente esta joya del Mahabharata, podríamos bucear con placer en el debate que se plantea en este oportuno artículo.

    Muchas veces, he reflexionado sobre que; si la actividad innecesaria se minimizase al extremo, la vida seria mucho mas bonita. Colectivamente es, hoy por hoy, una utopía, pero individualmente supone una medida económica que sin duda trasciende la materia.
    Es posible, pero no fácil. Es sencillo pero requiere una gran preparación, esfuerzo y probablemente estudio.

    Desde muy joven me he repetido que “para hacer lo que verdaderamente me gusta, me he de esforzar en hacer lo que presentan las circunstancias con gusto”.
    La vida me ha demostrado que para conseguir hacer lo que a uno le gusta, se ha de recorrer un largo camino a través de tragar sapos y comulgar con ruedas de molino, por lo he determinado que mi máxima de juventud, no es una ecuación tan simple como imaginaba, pero aplicándola con valor, inteligencia, honestidad y perseverancia, puedo certificar que ayuda en gran parte del camino.

    Dicho esto, me adentro en terrenos mas etéreos, casi contradiciendo lo anterior.
    He estudiado y comprobado que todo se encuentra en la no acción, en la contemplación, en la renuncia…
    Esto también es cierto y aunque parezca una paradoja (que lo es) pero no todo tiene que suceder simultáneamente, en el mismo lugar, a la vez y a la misma persona… O si?

    La solución a la encrucijada, una vez mas, la encuentro en el equilibrio. Cuando todo fluye, parece que la vida nos dice que vamos bien, que no hace falta hacer nada. Pero hasta que fluye, parece que hemos de luchar con denuedo para conseguir un mínimo de esa “fluidez”

    Una vez mas, imaginarios posibles ha abierto un debate en las profundidades, cerca del mundo causal.
    Debate que nos podría llevar toda la vida y apenas resolver nada.

    Un servidor, con la chapa habitual (ustedes perdonen) recomiendo el estudio de, al menos, el capítulo III del mencionado Bhagavad Guita para arrojar un poco de luz en este tema.
    Pero si no nos da la vida para tanto, valga una reflexión sobre el soneto de Don Pedro Muñoz Seca, donde describe el juego de las siete y media, con tal maestría que pudiera iluminar gran parte de nuestro camino.
    Va un fragmento, esta vez, aplicándolo al si… “hacer o no hacer” esta es la cuestión:

    …Y un juego vil, que no hay que jugar a ciegas. Pues juegas cien veces mil y de las mil ves febril que, o te pasas o no llegas.
    Si no llegas, te haces del otro deudor, pues indica que mal tasas.
    Pero hay de ti si te pasas.
    Si te pasas es peor.

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  3. Tan profundo como siempre. Como siempre proponiendo temas para reflexionar y a través de la reflexión ser mas personas y mas “felices”, entendido, este “felices”, como conscientes y dueños de nosotros mismos.
    “Preferiría no hacerlo”. En esta frase también se encierra otra posibilidad. Y es aprender a decir “no”.
    Se nos educa y se nos adoctrina para ser buenos hijos, buenos amigos, buenos alumnos, buenos de todo, pero entendido como sumisión, obediencia, seguir los modelos y las normativas establecidas. Se machaca la creatividad, la originalidad, todo lo que nos es único y propio.
    Se nos educa para el “si”, “vale” “lo que quieras”.
    Y tenemos que aprender a decir “no”, sin culpas, sin complejos.
    Cuando decimos no, nos negamos a hacer algo que no nos gusta, que nos rebela, que preferimos no hacer.
    Tenemos miedo a decir no, por no defraudar, para no salirnos de lo que se espera de nosotros, pero nosotros nos sentimos mal y lo que damos, lo damos mal y hasta de manera mezquina.
    Aprendamos a decir no y a sentirnos bien en ese no, en ese momento de ser nosotros mismos con plenitud, con paz con nosotros.
    Hay muchas cosas que tenemos que hacer, nos guste o no, pero hay muchas cosas que no tenemos que hacer, solo tenemos que decir o decirnos NO.

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