Nuestra tragedia diaria

Un lunes más, La Cabrera Informa ofrece esta columna del filósofo de Imaginarios Posibles .

Hablemos pues de reflexión sobre lo que verdaderamente importa, lo que necesitamos y lo que creemos necesitar.

Tragedia del día a día

Hoy vamos a sumergirnos en algo que solemos hacer muy a menudo, vivir nuestra propia tragedia día a día. Cada uno representa su propia tragedia, cada cual la suya y la mayoría de las veces no nos damos ni cuenta. Trataremos hoy de reconocer cuando estamos haciendo esto para tratar de pararlo y así poder disfrutar un poco más de nuestro mundo. 

Con poca cosa que nos dé la realidad, ya es suficiente para que empecemos a construir  y a representar nuestra propia tragedia. Somos unos pobrecitos desvalidos, nos decimos, a los cuales la Fortuna nos trata muy mal y nos pone todo en contra. Esto nos repetimos una y otra vez. Y de tanta repetición lo acabamos asumiendo como parte de nosotros mismos. Acabamos identificándonos tanto con lo que representamos que somos incapaces de pensarnos de otro modo, y por tanto, cerramos la puerta a la alegría de vivir.

No es lo que nos suceda sea de color de rosa, pero lo importante en nuestra vida no es lo que pasa, es nuestra reacción ante lo que pasa lo verdaderamente importante. Ante estos infortunios reaccionamos de dos maneras, pasivas, porque se trata de una reacción:

Si me resigno ante la injusticia que he nombrado, estoy abocado a la tristeza, me digo “pobrecito, que mal lo estoy pasando, soy débil y desvalido, me quiero morir, las cosas no me salen como me gustaría, soy tonto, feo, no sé hacer nada, todo me sale mal, no sirvo para nada…”. Es mi culpa.

Si en vez de resignarme, me rebelo, me enfrento, tomo la vía de la cólera, el enfado, la rabia, la ira. “Yo no me merezco esto”. Esta vía se caracteriza por culpabilizar, no a mí, sino a todo lo externo. La gente me hace mal, van contra mí, quieren mi daño; y ante esto reaccionamos con ira, nos encolerizamos y buscamos venganza, ante aquello que nos ha puesto en tan dramática situación.

Las cosas pasan, y esto, en sí mismo, no es ni positivo ni negativo, simplemente pasan, pero somos nosotros los que con nuestras opiniones sobre las cosas las valoramos positiva o negativamente. Aquí entra en juego el deseo. Las cosas deberían ser de determinada manera. Si sucede lo que deseamos nos alegramos, sentimos placer, si lo hacen de otra manera sentimos dolor. El mundo debe ser como yo quiero y si no, me pongo triste o me enfado. Ya no juego, me aíslo, me incomunico y me convierto en una bestia antisocial. O ya no solo no juego sino que rompo el juego, “¡cómo puede ser que yo no juego y los demás sigan jugando!”, entonces me irrito y enfoco mi cólera en la destrucción. Si yo no juego, nadie juega.

Tenemos talento, todos tenemos talento, y vaya si lo tenemos. Y talento dramático. Dedicamos mucho tiempo a nuestra tragedia en vez de aprovechar todo lo que podemos hacer, pero nos enfocamos en eso que no tenemos. Deseamos lo que no está en nuestra mano, cuando podríamos estar haciendo lo que sí está en nuestra mano. ¿Cómo vamos a querer pintar de rojo, si solo tenemos azules?

Tendremos que ajustar el deseo a aquello que pueda suceder aquí y ahora. Esta aceptación es contraria a la resignación, porque cuando nos resignamos no buscamos cambiar nada, damos por hecho que las cosas no pueden ser de otra manera. En cambio cuando aceptamos que las cosas son de esta manera aquí y ahora, podemos empezar a ponernos en el camino para cambiar este hecho.

Para ello tenemos que ser absolutamente sinceros con nosotros mismos, con las palabras que nos decimos, para que estas palabras no sean vehículos de lo que queremos oír, que apoyen esas opiniones que añadimos a la realidad, sino que digan simple y llanamente la realidad, tal cual. Y esto ¿cómo lo podemos hacer? ¿Cómo podemos vaciarnos de palabras? ¿Cómo silenciar a todas esas voces que claman en nuestro interior venganza por un mundo que no atiende a nuestros deseos?

Cuando soy algo, cuando deseo ser algo, interpreto un papel con el que me identifico, como ese ser que ya es ese algo o que carece de ciertas características para llegar a ser ese algo que desea. Se trataría de no obsesionarse con ser alguien concreto, sino de ser. Puedo vivir distintos roles. Si soy médico no soy solo médico. También soy padre, músico, ama de casa, jardinero, alumno, deportista. Soy todas estas cosas y muchas más. Y si dejo de ser algunas de ellas sigo siendo yo. El problema viene cuando pongo todo mi ser en algo concreto, cuando me obsesiono en llegar solo a ser una cosa, ese es el precio que pongo a mi felicidad. Si no soy esto no seré feliz. De este modo pierdo el resto. No está bien visto ser un Don Nadie, hay que ser un Don alguien y que nos rindan pleitesía. Si esto no pasa, seremos infelices. Pero este es un camino errado al que nos han engañado desde nuestra tierna infancia. Tenemos que ser alguien, y tenemos miedo de no ser nadie. Tenemos miedo de la nada, del vacío, y por eso nos agarramos a cualquier cosa, y como son pocos los que triunfan, nos acabamos acomodando en nuestro papel de víctimas de que las cosas no nos han ido como nos gustaría.

En el arte de la vida de lo que se trataría es de comenzar a vivir, cada día como si fuese el primero, cada día como si fuese el último, vivir el instante en intensidad plena, en el que no jugamos a representar papeles de ningún drama, sino que estamos abiertos a esa nada informe en la que fluir.

Agradecer lo que tenemos en este momento, lo que nos ha sido dado, porque ¿cómo se nos dará más sino somos agradecidos? Abandonemos la queja y comencemos a crear desde hoy mismo nuestra vida. Dando gracias como primer paso, a lo que seamos ya, aquí y ahora. ¿Y cómo agradecer todas las desgracias que nos han pasado, todas las cosas que me molestan? Confrontándonos con ello. Estos obstáculos están ahí para conformar mi ser. Yo soy lo que soy, aquí y ahora, por todo lo que me ha sucedido, lo positivo y lo negativo. Y es solo aceptando que la barrera existe como me puedo poner en disposición para saltarla. Si niego que ahí hay una valla, ¿cómo voy a poder saltarla?

Pase lo que pase, estamos aquí y ahora, en este momento, en este instante, que es lo único que tenemos, solo tenemos esto, y podemos estar perdiéndolo, si estamos preocupándonos todo el rato por el pasado o si estamos viviendo solamente las ilusiones del futuro. Hacemos de todo para no estar donde realmente estamos, que es aquí y ahora. Para ello abramos los ojos para ver todo lo que está aconteciendo delante. Pero no, siempre estamos quejándonos de lo que no tenemos, de lo que no somos, de lo que nos ha pasado. Estamos en medio de un camino que no sabemos dónde va. Cojamos lo que tenemos, y con esto vivir, hago lo que puedo con lo que tengo. Seamos conscientes de donde estamos para vivir lo que podamos, y demos las gracias por ello. Mañana será otro día, y ya veremos lo que hacemos mañana, pero hoy, siempre estamos en hoy, un continuo e interminable hoy. Aquí es donde estamos y aquí es donde tenemos que vivir, en hacer nuestro hoy más pleno.

Y esto lo hacemos a través de la palabra, o la ausencia de ellas, dejándonos de repetir constantemente lo que tenemos que hacer y situarnos con la mente en blanco para vivir plenamente el momento en el que nos hallamos. Dejar de decir para comenzar a decir, para que lo que digamos sea lo que nos sale de verdad, para comenzar a ser sinceros con nosotros mismos, y dejar de representar papeles en el fondo de nosotros mismos. Podremos actuar, pero sin que nos vaya la vida en ello, porque nuestra vida no se juega a través de unas características concretas, sino que nuestra va más allá de nuestras apariencias de posición, nombre y función. Nuestra vida no se limita a nuestra representación cotidiana. Así que preparémonos desde hoy mismo para dar un salto al vacío, y sin constricciones concretas comenzar a vivir, sin miedos ni deseos, abiertos a lo que la vida nos está ofreciendo desde ya mismo.

Anuncios

3 thoughts on “Nuestra tragedia diaria

  1. La verdad es que he necesitado leer un par de veces el articulo.
    Seguro que hay un montón de matices que se me siguen escapando,
    Pero Imaginariosposiblen sigue haciéndonos pensar y de eso se trata, no?
    Si en el articulo anterior nos hacia pensar en porque no tenemos que perseguir la perfección, hoy nos enseña a disfrutar del momento.
    Tiene razón cuando nos habla de que no podemos vivir de “planes”, no podemos anclarnos al pasado, haya sido bueno o malo. Tenemos que vivir el instante presente y vivirle con plenitud, con alegría de vivir.
    Porque hoy somos como somos y ese ser así, nos lo ha moldeado lo que hemos vivido, lo “bueno” y lo “malo”.
    Aceptemos el momento, disfrutémosle, vivámosle plenamente, pero !ojo!, no nos conformemos, no tengamos una actitud pasiva, tenemos talento y mucho, como nos dice Imaginariosposibles.
    Desde la serenidad, desde el estar a gusto con nosotros mismos, cambiemos las cosas que no nos gustan como están, por que otro mundo es posible.
    Si nos aceptamos, si nos rodeamos de personas que se aceptan y nos aceptan y nosotros los aceptamos a ellos, todos tal y como somos, seremos capaces de transformar el mundo.
    Pongamos naturalidad en nuestras vidas.

    Le gusta a 1 persona

    1. Buen artículo de Imaginarios Posibles, nos hace pensar un poquito, refleoxinar. Y gracias también a Alegria por “desmenuzarlo” y sacar la sustancia; me encanta la frase final de “pongamos naturalidad en nuestras vidas”. Otro gallo cantaría si todos lo hiciéramos.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s