El pueblo que quiero

No es lo mismo vivir en un pueblo que vivir el pueblo. Eso lo aprendí desde que jugaba por las calles del mío. Bueno, del nuestro, del de todos los que formamos parte de esa pequeña gran familia que forman un cuantos vecinos, desconocidos la mayoría pero que comparten un mismo lugar.

Me he criado en un pueblo pequeño, en pleno campo, con montañas, con zonas verdes, con paisajes y con un entorno envidiable. Parto con ventaja respecto a muchos amigos que he ido conociendo a lo largo de mi vida, y esos son recuerdos que tiene un niño, recuerdos muy positivos donde todo era más cercano, más confiado. Cuando un coche particular se convertida en un minibús desde colegio y que repartía a los niños por sus casas después de un. “no te preocupes que subo yo a por los niños y te los traigo”, cuando la churrera se metía en el patio y vendía los churros a todos los golosos niños. Cuando la sierra era un horizonte que marcaba una aventura por vivir, un territorio por explorar.

La carretera partía en dos al pueblo, pero también era el rio que nos faltaba, que nos traía vida, ajetreo, movimiento, negocio, amigos. ¡Qué tiempos en los que la única manera de cruzar la carretera era atravesar todo el pueblo e ir al puente!, o situarte en el punto estratégico y esperar a que algún mayor te cruzara la calle, porque todos los mayores eran conocidos…

El pueblo crecía y creció, vinieron los colegios nuevos, el instituto, la crisis provocaron más migraciones y el pueblos e convirtió en un municipio con más músculo. Era el mismo pueblo, pero con más sangre que bombear.

Ahora nuevo tras años fuera y compruebo que el municipio que dejé atrás se quedó también atrás, que el músculo inicial se está atrofiando, que los vecinos que antes eran los que te cruzaban la calle sin preguntar, sin dudar, ahora son casi desconocidos, y que la iniciativa es algo que tienen los demás, pero no el pueblo.

Son momentos en los que la obligación de uno, se encuentra en el compromiso con el otro, con el de aquí y allá, con el vecino. Es el momento de apostar por recuperar ese músculo que hizo aumentar de población, centralizar servicios, atraer gente y demostrar la firmeza y compromiso de un todo partido de muchos.

Recuperar ese espíritu no es fácil, es más; es complicado, pero es necesario y gratificante. Para los que somos de “toda la vida” de aquí, el demostrar lo que realmente nos importa este trozo de tierra en el que iniciamos nuestros juegos y sueños, y para aquellos que un día lo eligieron, y ahora quieren hacer que se convierta en su “pueblo de toda la vida”.

Es el momento de creer en lo que se puede hacer porque es la única manera de lograrlo. No nos quedemos en lo de siempre, en el interés pasajero de quien no ve un fin común más allá del propio.

Sueño con recordar ese pueblo que por un tiempo fue el lugar del mundo donde más me gustaba estar, donde tenía todo lo que necesitaba y el que siempre recuerdo.

Me gustaría imaginar un pueblo en el que el paisaje lo dibujara cada habitante, que nos sintiéramos orgullosos de cada iniciativa, que no nos mostráramos extrañados por lo que ocurre en el pueblo, sino que fuéramos  protagonistas o espectadores, pero sobre todo partícipes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s